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jueves, 21 de agosto de 2008

Comisión de la Verdad, un derrotero, una utopía


Pocas veces me ha conmovido tanto un acontecimiento nacional como el trabajo y el informe final de la Comisión de la Verdad. Haber sido parte de su creación en el Gobierno de Transición fue un don inmerecido.

Hoy, cinco años después de que Salomón Lerner Febres entregara en Palacio de Gobierno los doce tomos y siete anexos del Informe Final, debemos reconocer que hemos sido testigos de un hecho trascendental de nuestra historia republicana porque, sin duda alguna, existe un antes y un después de la CVR

Nos reveló el rostro de la sociedad peruana. Jamás nuestra sociedad se había visto reflejada tan nítidamente en el espejo. En esas páginas no están sólo nombres de personas y lugares en los que la muerte se enseñoreó. Ahí, en esos tomos, se retratan de manera sin igual nuestras viejas fracturas y seculares discriminaciones; el maltrato como forma de relacionarnos; el desdén hacia quienes son analfabetos, mujeres, indígenas y pobres; las grandes desigualdades e inmensas lejanías emocionales; la indiferencia por el dolor del “pequeño”; del “ninguneado” diría “Arguedas; el abandono de un Estado indolente de parte importante de su territorio y de su gente, así como nuestra capacidad de producirnos daño hasta límites inconcebibles.

Nos indicó que las víctimas estaban siempre en primer lugar y que habían esperado ya demasiado tiempo. Que no había diferencia entre el familiar de un uniformado que cayó en una emboscada senderista y la mujer violada en una base militar: las víctimas no son patrimonio de ninguna institución, son todas responsabilidad del Estado y también nuestra. Y nos señaló que no tenemos derecho a pedirles más paciencia por la lentitud de nuestro Estado y porque nunca están el lugar que merecen en la agenda pública.

Nos señaló una ruta para el nunca más. Para que no se repita, la CVR instó a impulsar reformas estructurales en educación y salud que generasen igualdad de oportunidades y resultados entre peruanos y peruanas; también en seguridad, defensa y justicia. Sin esas transformaciones de fondo nuestra sociedad seguirá siendo estamentaria; en nuestro territorio conviviremos ciudadanos de primera y de segunda, soportándonos por momentos, odiándonos en otros, negando nuestra diversidad, experimentándola como un lastre y no como un tesoro cultural y social. Sin los cambios que propuso la CVR, seguiremos hipotecados a poderes fácticos, tutelares; viviremos cautivos de la incertidumbre y del miedo, alejados del derecho a una justicia imparcial y oportuna.

Nos regaló una utopía, un proyecto común. Lo más preciado del trabajo y del Informe de la CVR fue el derrotero de país que nos señaló: la posibilidad de crear una sociedad cohesionada, redimida, capaz de mirarse las heridas y sanarlas con verdad, con justicia, resarciendo el daño, imaginando un futuro sin miedo, sin distancias ni resentimientos; tomando de la memoria lo mejor, saldando deudas sin congelarnos en ellas.

Nos movilizó y lo sigue haciendo hoy, sobre todo a los jóvenes, hacia la construcción de una sociedad de hermanas y hermanos.

Solidarios y Vigilantes

Hasta la próxima

jueves, 7 de agosto de 2008

La política de la vida

Importa muy poco que Lourdes Flores le diga a Alan que es el presidente de los ricos. Resulta totalmente irrelevante y llaman a escándalo las estériles e intrascendentes disputas que mendigan portadas y titulares. Se olvidaron hace tiempo a quiénes hay que servir en la política.

Hoy a inicios de agosto del 2008, lo que realmente importa es la lacerante realidad de la muerte de nuestros niños y niñas por el frío y la de tantos compatriotas en las pistas y carreteras.

22 niños y niñas han muerto por frío en Puno. En la Región de Fuentes han ocurrido 97,000 casos de infecciones respiratorias en niños y niñas menores de cinco años este año. El problema, Señor Ministro de Salud y Presidente Regional de Puno y de las zonas alto andinas del Perú, es que esos niños nacieron demasiado pobres, demasiado lejos y demasiado alto y hasta ahí no llegan ustedes. No acceden al Seguro Integrado de Salud. Debemos por ello a través de las regiones y sus gerencias de desarrollo social, fortalecer y expandir a los centros poblados y caseríos los Comités Locales de Salud donde la comunidad participa activamente en la prevención y atención de salud. Los CLAS fiscalizan y flexibilizan el gasto, mejoran la infraestructura y los equipos, contratan directamente al personal y lo supervisan aumentado la calidad de la prestación. Podemos y debemos rescatar a nuestra infancia de la muerte por enfermedades que se pueden prevenir y que, de no hacerlo, dejarán huellas imborrables en los que sobrevivan. La salud debe llegar al niño, no al revés. Igual que la escuela.

Importan las trágicas muertes en las pistas y en las carreteras por falta de control. Cada año 28,000 personas se accidentan en las pistas de Lima y 4,000 compatriotas resultan heridos en las carreteras del país por exceso de velocidad, consumo de alcohol, y por automóviles y buses en mal estado. De cada siete accidentes, uno ocurre en provincias y estos constituyen la principal causa de muerte en el Perú. Mueren más que todos los fallecidos por la violencia política en el Perú ante la misma indiferencia hoy que la que tuvieron las autoridades de ese entonces.

Podemos evitarlas creando una autoridad autónoma de tránsito en el MTC y en cada ciudad importante del país; dándole a la Policía Nacional recursos para radares que controlen la velocidad e instrumentos para medir la alcoholemia, subordinando a las policías de tránsito y de carreteras a las autoridades de tránsito. Necesitamos urgentemente aumentar la cobertura de “tolerancia cero” y ampliar los recursos corrientes para completar las personas competentes e incorruptibles que fiscalicen desde los gobiernos regionales. Es indispensable la revisión técnica semestral y dar de baja al parque automotor obsoleto, generando incentivos a la venta de chatarra.

Soluciones hay, lo que falta es voluntad para hacer política en defensa de la vida. El derecho a la vida no es solamente una frase escrita en la Declaración Americana o Universal de Derechos Humanos que cumplen 60 años este 2008. Es un imperativo para el aquí y el ahora.

Desde Cuzco, Solidarios y vigilantes
Hasta la próxima