sábado, 8 de noviembre de 2008

Resonancias de la elección de Obama: en busca del "tesoro perdido"

Hoy nuestro mundo busca un derrotero político que no está en el liberalismo ni el comunitarismo. Ambos han fracasado en su intento de congregar la voluntad política de las y los ciudadanos.
La elección de Barak Obama me ha hecho pensar en los cambios que se están produciendo en las expectativas y sueños de los jóvenes estadounidenses cuya participación en esta elección ha sido crucial. No solamente en Estados Unidos, la juventud a nivel mundial ha reaccionado a esta elección con un entusiasmo que nos debe hacer reflexionar.


He recordado a Hannah Arendt y su valoración de la tradición republicana americana en ese extraordinario capítulo 6 "la Tradición Republicana y su tesoro perdido" en Sobre la Revolución. La idea de cambio expuesta por Obama bebe de este pozo y es esa la resonancia que puede tener, más allá de las elecciones estadounidenses. Interpretar este resultado no solamente como un voto de rechazo a la intervención en Irak o al gobierno de las grandes corporaciones que han llevado a esta crisis internacional, sino también como la búsqueda del "tesoro perdido".


Recojo extractos del texto de Pablo Ney Ferreira sobre el republicanismo, una tradición perdida, apropiado en estas circunstancias en las que la reflexión política, los conceptos, deben acompañar los procesos en los que estamos inmersos para cambiar la manera de hacer política orientada a la transformación de nuestras sociedades.


"En los últimos tiempos ha cobrado considerable fuerza la apelación a una concepción republicana de la política, y más concretamente de la ciudadanía, como una vía alternativa entre liberalismo y comunitarismo en la que confluyen pensadores insatisfechos con uno y otro modelo.
Una cierta nostalgia teórica, mezclada con curiosidad académica, y con desencanto cívico, ha desenterrado el tesoro perdido del que hablaba Hannah Arendt, para abrir un nuevo ámbito de debates acerca del ciudadano y la comunidad política.

Son muchos los que experimentan desazón y malestar frente a la concepción liberal de la relación del ciudadano con su sociedad política, blanco privilegiado de la crítica comunitarista: la perspectiva de un sujeto autointeresado, que se define principalmente por sus derechos, para el que la comunidad es externa e instrumental, en la que no se reconoce ni está dispuesto a sacrificarse o contener sus deseos por el bien público.

A ello debe añadirse la crisis actual de la política como actividad pública deseable. Hoy la política ha sido desplazada a una posición marginal, en relación con una red mundial de procesos de comunicación e intercambio económico: la acción política aparece subordinada a imperativos económicos, y los ciudadanos de las sociedades democráticas responden con apatía y permisividad. Dada esta situación, es explicable que se haya vuelto la mirada hacia una tradición alternativa, que pone el acento en el status del hombre como ciudadano.

El republicanismo no necesita considerar que la vida política es el bien más alto que los hombres puedan perseguir, pero tampoco puede considerar la política como una actividad puramente instrumental, porque la libertad de los ciudadanos está inseparablemente ligada a ella. Si los ciudadanos no se empeñan en el mantenimiento de las instituciones republicanas, en el control de las tendencias oligárquicas y la vigilancia frente a la corrupción, en la colaboración para la promoción del bien público, no tendrán garantía frente a la dominación arbitraria.

Por esta razón, uno de los conceptos centrales presentes en la tradición republicana es el de la virtud cívica, que puede definirse ampliamente como cierta disposición a comprometerse y actuar al servicio del bien público. Es una virtud pública: la actitud del ciudadano que es conciente que su libertad depende del mantenimiento de la independencia y la prosperidad de su comunidad política, y está por eso dispuesto a dar prioridad a sus deberes como ciudadano para asegurar su independencia. A su vez, esta virtud cívica puede descomponerse en virtudes en plural: austeridad, honestidad, patriotismo, integridad, laboriosidad, solidaridad, etc...pero todas ellas remiten a la prioridad de lo público y a la evitación de una afirmación excesiva del interés particular."

Solidarios y vigilantes
Hasta la próxima

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