miércoles, 15 de agosto de 2007

Subirse a un bus, muertos de miedo



I. Los ninguneados

Nos sucede lo mismo que cuando vivíamos en el país los tiempos del terror: sumamos muertos en accidentes de tránsito, la principal causa de muerte en el Perú. Sus nombres suelen ser mayoritariamente los de aquellos y aquellas a los que Arguedas llamaba los ninguneados, por eso no salen en los medios; salvo es cierto, en el primer reporte que lanza el periodista desde el lugar de los hechos, entrevistando a la viuda prematura o algún familiar de quien se encuentra aún tendido en la pista; porque levantar los cadáveres; esa, esa es una triste historia de la que hablaremos otro día.

Son mayoritariamente pobres como lo demuestran los datos duros y fríos indicando que en nuestro querido Perú la inequidad reina en todo, también en el transporte terrestre. Los más pobres son los que más gastan su ingreso familiar para ir de un lugar a otro. Para hablar de Lima por ejemplo, sólo en Lima – Norte, el gasto es del 14% del presupuesto mensual, en Lima – Sur, el gasto el 11%. El nivel E gasta más en transporte (19%) que el nivel D (14%) y que el nivel C (13%). ¡Qué paradoja! Los que menos tienen gastan más, como con el agua y tantas otros bienes indispensables para vivir con dignidad.

Las cifras esconden a las personas, sus vidas y sus historias personales y colectivas; y tienden también, como la anestesia, a adormecernos. En el Perú, hasta el año pasado, el índice de mortalidad por causa de los accidentes de transito era de aproximadamente 25 personas por cada 10,000 vehículos. En estados Unidos es de 1, y en Chile, Argentina o Brasil es de 5 a 8.


II. ¡Qué poco vale la vida en el Perú!

¿Cuántas veces hemos escuchado esta frase y cuántas más vamos a escucharla antes que las cosas empiecen a cambiar? Es una pregunta pertinente para las autoridades y empresarios y para cada uno de nosotros y nosotras, justamente ahora que el tema desapareció de los medios, hasta la próxima racha.

Hace unos días, el presidente y la ministra de transportes le soplaron la pluma de las decenas de muertos de los últimos días a los gobiernos regionales a los que trasladan competencias y responsabilidades pero no les permiten destinar recursos de gasto corriente para poder contratar inspectores.

Los transportistas le echan la culpa a todo el mundo de sus problemas y no nos dicen la verdad: que en promedio existen ocho vehículos por empresa en el país y que no hay intención de asociarse para mejorar la calidad y dejar atrás la informalidad que alienta la competencia desleal.

Las municipalidades y gobiernos regionales no nos rinden cuentan de las inversiones en terminales terrestres que están dispersas por las ciudades; dejadas al buen saber y entender de cada alcalde, sin autoridad alguna que intervenga para poner un poco de orden.

Son demasiados actores los que comparten el negocio dando lugar al fenómeno del “comísionismo”. Pero hay actores que brillan por su ausencia, la Policía de Carreteras, por ejemplo, que nunca está donde debe ni en el momento en el que se la necesita por falta de interés de las autoridades del Ministerio del Interior a las que no le importan los continuos robos y violaciones sexuales que se producen en las carreteras, ni lanzan un serio y responsable plan de acción contra la corrupción que ha penetrado tan profundamente la institución policial.

Finalmente, la exoneración del pago del IGV a los transportistas no ha fomentado inversiones de mayor calidad; todo lo contrario, ha alentado la informalidad.

¿Cuántos muertos más tendremos que contar para que se corrijan estas cosas? Los problemas que aquí he listado exigen una acción más decidida, en mayor número de frentes y coordinada. Podemos hacerlo si gobernamos bien. Gustavo Guerra García, ex vice ministro de transportes y quien preside la Comisión Política del PDS, el que me ha dado los datos que aquí he reseñado, ha planteado, junto a un equipo de técnicos que reducir drásticamente el número de muertes en accidentes fatales en las carreteras es posible.

III. Mucho más que Tolerancia Cero

Cuando postulamos a la Presidencia en el 2006, quienes formábamos parte de Concertación Descentralista asumimos compromisos muy concretos para que esta tragedia se resuelva. Nos comprometimos a construir buenas carreteras (completar los corredores amazónicos, el eje vial 1 en el Norte, en la sierra Sur completar conexiones entre Huancayo y Abancay y el corredor Tarapoto-Tingo María, a ejecutar la mitad del proyecto carretero Pacasmayo- Soritor, Juanjuí-Salaverry y Chimbote-Tocache, entre otros grandes proyectos.

Compromisos son compromisos y era y es posible rehabilitar 20,000 kilómetros de caminos departamentales y afirmar 7,000 de caminos rurales. Todo ello ayudará a que se animen los transportistas a asociarse y a poner mejores buses en las rutas. Además, cuánto podríamos impulsar el mercado interno y las exportaciones rescatando de la postración a muchos peruanos y peruanas

Pero sabemos que ello no nos soluciona el problema de las muertes. Cuando las causas son el mal estado de los buses en general, el consumo de alcohol, el exceso de velocidad, la ausencia absoluta de control del número de pasajeros y la gran inseguridad en las carreteras, tenemos que decir. ¡BASTA!

IV. No hay muertos ajenos

Nos toca comprometernos y no ser cómplices de esta situación cada vez que subimos a un bus con un amargo sabor en la boca y un miedo que nos hiela el alma, sin saber si es bus camión o si los choferes han dormido y se turnan y si se han metido o no, entre pecho y espalda, algunas chelas o esencias aún más fuertes. Nos hace falta alzar la voz cuando corren para ganar pasajeros en la ruta y cuando llenan el bus hasta el tope, con niños y mujeres y embarazadas en los pasillos. Nos corresponde decir o hacer algo cuando escuchamos la radio, leemos los diarios o vemos las horrorosas imágenes en la televisión. Que no nos vuelva a suceder lo que en las décadas de los ochenta y noventa, cuando parecía que los muertos eran de otros, no de nosotros. Ningún muerto es ajeno, alzó la voz Gustavo Gutiérrez en esos tiempos para sacudirnos de la indiferencia.

O nos persignamos y nos callamos y respiramos aliviados por estar vivos al llegar a nuestro destino, o nos ponemos las pilas y exigimos a todos que cumplan con lo que les toca.

¿Por qué creen que en Chile o Argentina hay menos accidentes fatales en las carreteras que en el Perú? ¿Porque son más ricos y mejores seres humanos que nosotros? De ninguna manera. Porque tienen ciudadanos y ciudadanas que exigen sus derechos, valoran más sus vidas y obligan a los empresarios y a las autoridades a ser responsables.

Son más los que mueren diariamente por accidentes que todos los que murieron por la violencia política.

Esto tiene que parar.


4 comentarios:

Susana Villaran dijo...

Les agradezco a quienes, con sus mensajes, me dieron la bienvenida a su mundo, a nuestro mundo podríamos decir ya de la bloggósfera.

No, no tengo "miedo de compartir con los internautas". Todo lo contrario, me gusta, aprendo, me expongo como se exponen quienes se atreven a expresar sus ideas.

Les cuento que el sábado le comenté a mi nieta de seis años que me había vuelto blogguera y me dijo: "No abuela, tu no te vistes así".Me pregunto cuánto tiempo pasará para que ella se convierta en una de nosotras. No creo que mucho.

Gracias de nuevo por su aliento y los comentarios, por las expresiones de afecto y por aquellos que, discrepando, han manifestado su respeto por mi blog. Es un privilegio recibir estos mensajes viniendo de ustedes.

Visitaré sus blogs; seré constante Martín (es una virtud que aprecio junto a la lealtad y al coraje)y me seguirán fascinando aquellas personas que discrepan, que dudan y que colocan pinceladas de humor cáustico frente a lo que escribo.

No hay nada más hermoso que la libertad de decirnos cosas y de compartir pensamientos, información, críticas y propuestas, sin solemnidades ni reverencias, sin creernos infalibles.
Me está gustando ser blogguera.

jav dijo...

el problema del transporte es que los accidentes no vienen de ahora, los accidentes son de siempre, acaso nadie recuerda eso [bah los peruanos somos asi, olvidamos rapido] pero ningun politico que es a quien le corresponde, hace algo, a ver porque no les quitan las licencias que solo la usan para matar y llenarse los bolsillos conduciendo buses en mal estado, mi preocupación es que ésto causa panico, hace unos dias tenia que viajar y me gusta viajar en bus por la fobia que tengo a los aviones, pero no puedo por el panico a que el bus le pase algo, sinceramente creo que deberian quitarles la licencia a las empresas, y empezar todo de cero.


por cierto, si ser blogger es muy adictivo, me gusta la facilidad de la palabra y la sencillez de los post, falta más gente como usted.


buenos dias.

Herbart Fernando dijo...

Hola Susana Soy Fernando Florez de la Selva su hijo, con muchas ganas de construir un peru mejor, con las voluntades morales uqe existen en el Perú.
Mi correo es : fernan71@gmail.com

M.Aldito.Arte dijo...

Susana, desde mi humilde punto de vista el problema del transporte publico, no es solo del gobierno, los medios, los transportistas, si no tambien y en gran medida de los usuarios.

Si como usuarios de este medio, nos respetaramos mas e hicieramos respetar nuestros derechos, pues la cosa empezaria a cambia, y digo empezaria porque no hay otra forma.

Creo ademas que es un problema de educacion generalizada, la informalidad reina en nuestro pais y lamentablemente se ha hecho un lugar del que es dificil sacarla. Pero como cambiar eso?, por donde empezar?

Ya vimos que si a los transportistas se les exonera del IGV para que mejoren su flota y no se ve nada!. Las tantas veces prpuestas y alargadas admistias no llevan a nada, a absolutamente a nada, salvo a la viveza claro esta. Pero que hacer? como hacer para que Maria tenga un viaje digno, como hacer para que Jose tenga un mejor trato con los pasajeros?. como hacer para que Pedro maneje con responsabilidad?. como hacer para que Juan haga imponer a justicia como debe de ser y dejar caer esos par de soles que caen en su bolsillo mientras Jose le pasa su brevete?...

Como Susana?... creo que es hora de que TODOS trabajemos en esto...

El Aldo